HISTORIA DE LA Fédération Internationale de Football Association "FIFA".

Donde todo comenzó

La Fédération Internationale de Football Association se fundó el 21 de mayo de 1904 en el edificio trasero de la sede de la Union Française des Sports Athlétiques de la calle Saint Honoré n° 229. Los apoderados de las siguientes asociaciones firmaron el acta fundacional:

  • Francia - Union des Sociétés Françaises de Sports Athlétiques USFSA
  • Bélgica - Union Belge des Sociétés de Sports UBSSA
  • Dinamarca - Dansk Boldspil Union DBU
  • Holanda - Nederlandsche Voetbal Bond NVB
  • España - Madrid Football Club
  • Suecia - Svenska Bollspells Förbundet SBF
  • Suiza - Association Suisse de Football ASF

Representando a Francia se encontraban Robert Guérin y André Espir; a Bélgica: Louis Muhlinghaus y Max Kahn; a Dinamarca: Ludvig Sylow; a los Países Bajos: Carl Anton Wilhelm Hirschmann; a Suiza: Victor E. Schneider; por el Madrid Football Club: André Espir; a Suecia: Ludvig Sylow.

A comienzos de este siglo se disputaron los primeros partidos internacionales oficiales en el continente. La idea de la fundación de una Federación Internacional comenzaba a perfilarse. En general, se quería reconocer el predominio de los ingleses, que habían fundado en 1863 su Football Association. Por tanto, Carl Anton Wilhelm Hirschmann, secretario de la Asociación Holandesa, se dirigió a la Football Association. El secretario aceptó la propuesta, pero el Comité Ejecutivo de la Football Association, el International F.A. Board y las Asociaciones de Escocia, Gales e Irlanda dejaron pasar mucho tiempo antes de confirmar la aceptación de la propuesta. De modo que Robert Guérin, secretario del Departamento de Fútbol de la Union Française des Societés de Sport Athlétiques, a la par que periodista del "Matin", no quiso esperar más y se dirigió por carta a las asociaciones nacionales del continente para pedirles que examinasen la posibilidad de fundar una organización suprema. Tras un intenso intercambio de correspondencia, se llegó a las primeras conclusiones.

El 1° de mayo de 1904 se enfrentaron por primera vez en un partido internacional oficial las selecciones de Francia y Bélgica. Con este motivo, los secretarios de las dos asociaciones, Muhlinghaus y Guérin debatieron por primera vez el asunto. Entretanto, la Asociación Inglesa, bajo la presidencia de Lord Kinnaird, había desistido de participar en la fundación de una Federación Internacional. Por ello, Guérin tomó la iniciativa e invitó a las demás asociaciones a la asamblea de fundación. Los servicios prestados por los fundadores fueron fundamentales. El fútbol profesional comenzaba a organizarse internacionalmente. Se elaboraron los primeros Estatutos de la FIFA y se determinaron los siguientes asuntos: el reconocimiento mutuo y exclusivo de las asociaciones nacionales presentes y representadas; la prohibición de que clubes y jugadores jugasen al mismo tiempo para diferentes asociaciones nacionales; el reconocimiento mutuo de las expulsiones dictadas por otras asociaciones y la organización de partidos en base a las Reglas de Juego de la Football Association Ltd. Cada asociación nacional tenía que contribuir anualmente con una tasa de CHF 50 (francos suizos). Ya en aquellos días se pensó en organizar una competición de gran envergadura y en el artículo 9 de los Estatutos se estipuló que la FIFA era el único organismo autorizado para organizar una competición internacional. Se convino poner en vigor estas disposiciones a partir del 1° de septiembre de 1904.

Los primeros Estatutos de la FIFA tenían carácter provisional para poder facilitar así la afiliación de nuevos miembros. El mismo día de la fundación, la Asociación Alemana se presentó por telegrama. Dos días más tarde, el 23 de mayo de 1904, el primer Congreso de la FIFA nombró a Robert Guérin Presidente. A su lado estaban los Vicepresidentes Victor E. Schneider (Suiza) y Carl Anton Wilhelm Hirschmann (Holanda); Louis Muhlinghaus fue nombrado Secretario y Tesorero, asistido por Ludvig Syiow (Dinamarca). Estos pioneros encararon una labor inmensa, ya que la FIFA existía solamente en el papel. Había que darle forma, crear las asociaciones como verdaderos representantes y conseguir nuevos miembros. En primer lugar, había que convencer a los ingleses de que su participación en la nueva organización era indispensable.

El 14 de abril de 1905, la dirección de la "Football Association Ltd." reconoció a las asociaciones nacionales afiliadas a la FIFA y declaró también su afiliación. Éste fue el primer gran logro de la FIFA, que se debe al Barón Edouard de Laveleye. El Presidente de la Unión Belga de Sociedades Deportivas Atléticas logró borrar, con gran empeño personal, las últimas dudas de los británicos. El Barón fue el primer miembro honorario de la FIFA.

El segundo Congreso de la FIFA tuvo lugar del 10 al 12 de junio de 1905 en París. En el ínterin, se habían afiliado a la FIFA las asociaciones de Alemania, Austria, Italia y Hungría, así como Gales e Irlanda. Ya se hablaba de una competición internacional que debía celebrarse en 1906. Se habían establecido cuatro grupos, encargando a Suiza organizar las semifinales y la final. Se pensó disputar este torneo con los mejores clubes. El Vicepresidente suizo Victor E. Schneider había donado un trofeo.

El Comité Ejecutivo de la FIFA fue elegido con la misma composición por un año más, pero a partir de ese momento comenzaron las dificultades. El plan de organizar la primera competición internacional fracasó. Varias asociaciones nacionales tenían otros problemas. En Francia tuvo lugar una división en la asociación. Estos problemas fueron una carga para el Presidente de la FIFA, quien había emprendido sus tareas con mucho entusiasmo. Robert Guérin se retiró cada vez más de la vida deportiva y delegó la administración en su Vicepresidente Victor E. Schneider y en André Espir, su asistente personal.

A pesar de todo, la FIFA comenzaba a dar muestras de su fuerza: cuando el "English Rambers", un club de fútbol inglés improvisado, quiso disputar algunos partidos en el continente sin la autorización de la Asociación Inglesa, la FIFA prohibió a sus miembros enfrentarse con este equipo. Este proceder estricto de la FIFA impresionó mucho a los ingleses, quienes, junto a otras asociaciones británicas, tenían ya un contacto mucho más estrecho con la FIFA.

Esto se documentó claramente en el siguiente Congreso, celebrado en 1906 en Berna. En lugar del Presidente de la FIFA Robert Guérin, ausente, Victor E. Schneider dirigió las negociaciones. Se eligió como nuevo Presidente al inglés Daniel Burley Woolfall, una persona pragmática y con gran experiencia merced a su trabajo en el Consejo Administrativo de la Football Association. Bajo su dirección, el fútbol inglés y el continental comenzaron a mantener relaciones más estrechas. Además, luchó implacablemente por conseguir la estandarización de las Reglas de Juego.

La idea de una competición internacional de gran envergadura seguía viva y la Asociación Inglesa asumió la responsabilidad del control y la administración de un torneo que tuvo lugar con ocasión de los Juegos Olímpicos de 1908 en Londres. La organización fue difícil, hubo problemas que perduraron cuatro años más, hasta el torneo de 1912 en Estocolmo. Este nuevo deporte, prácticamente desconocido, era observado con recelo dentro del marco de los Juegos Olímpicos y, en sus inicios, era considerado más un espectáculo que una competición. En relación con los Juegos Olímpicos surgió el problema de los jugadores profesionales, un problema candente también en décadas posteriores. A título informativo, cabe señalar que Inglaterra fue la vencedora de ambos torneos.

Los congresos que se celebran anualmente, según lo establecido en los Estatutos, en diferentes ciudades europeas fueron dirigidos siempre por el Presidente Woolfall. El primer punto del orden del día era siempre el deseo de imponer la estandarización de las Reglas de Juego en el ámbito internacional. En el correr de los años, esta insistencia comenzó a dar sus frutos. Se elaboraron reglas básicas para la organización, algunas de las cuales aún mantienen su vigencia, que permitieron a la FIFA crear una base sólida y trazar directrices claras.

Bajo la presidencia inglesa se consiguió asimismo alcanzar grandes progresos en el campo de la administración. Se publicó el primer boletín oficial. Se había decidido que el francés fuese el idioma oficial. La aplicación de las Reglas de Juego, elaboradas férreamente en base al modelo ingles, pasó a ser obligatoria. Se elaboró una clara y precisa definición de los partidos internacionales - de selecciones o de clubes -, y se prohibió además que terceros organizasen partidos con fines lucrativos.

Hasta 1909 la FIFA estuvo formada únicamente por asociaciones europeas. Los primeros miembros de ultramar fueron: Àfrica del Sur en 1909/1910; Argentina y Chile en 1912 y EE UU en 1913. Este fue el comienzo de la actividad mundial de la FIFA. Se daba así el primer paso en el camino de la expansión.

El inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso un paréntesis en todo esto. Lógicamente, nadie hablaba del fútbol y de su misión de unidad de los pueblos del mundo. No obstante, las relaciones internacionales no se interrumpieron por completo, sino que se mantenían con un alcance mucho más limitado. Continuaban disputándose encuentros internacionales, aunque en países neutrales. No obstante, las dificultades de numerosos miembros para conseguir los visados necesarios para desplazarse fuera del país impidieron que se celebrasen congresos. El sueño de una competición internacional parecía desvanecerse, la FIFA estaba aletargada y, además, el Presidente Daniel Burley Woolfall falleció en 1918.

Si la FIFA no desapareció por completo se debe a una única persona: Carl Anton Wilhelm Hirschmann, quien, en calidad de Secretario Honorario, cuidaba minuciosamente de la llama de la organización desde su oficina en Amsterdam. Dentro de sus limitadas posibilidades, mantenía correspondencia con sus colegas en el extranjero, dirigiendo así, de su propio bolsillo, la secretaría de la FIFA. Hirschmann tenía una enorme capacidad de trabajo y era una persona muy desprendida. Dedicó su vida al deporte, especialmente al fútbol. Ocupó varios cargos en la Asociación Holandesa de Fútbol y perteneció también al Comité Olímpico de este país. Por iniciativa del Presidente de la Asociación francesa de Fútbol Jules Rimet, quien había sido uno de los fundadores de la FIFA, se estableció contacto con todos los miembros de la FIFA después de la Guerra y se logró convocar una asamblea en 1919 en Bruselas. Sin embargo, las conversaciones eran muy difíciles. Después de una larga y cruenta guerra, no todas las heridas habían sanado. Muchos delegados, especialmente los ingleses, no querían aceptar todavía a los enemigos de ayer.

De modo que se resolvió convocar una nueva reunión en 1920 en Amberes. Se eligió un nuevo Consejo Administrativo de la FIFA, con carácter provisional, compuesto por: Jules Rimet, Presidente; el danés Louis Oestrup, Vicepresidente, y Carl Anton Wilhelm Hirschmann, Secretario Honorario.El resultado de estas elecciones fue sometido a la ratificación de todas las asociaciones afiliadas, las cuales aceptaron los nombramientos por unanimidad. El consentimiento fue enviado por correo. Este procedimiento se empleó por última vez en esa ocasión, ya que los Estatutos siguientes excluyeron la votación por correo o por mandato.

Jules Rimet se convirtió el 1° de marzo de 1921 en el tercer Presidente de la FIFA. Para el francés de 48 años, la FIFA se convirtió en la obra de su vida. La Federación Internacional contaba sólo con 20 miembros cuando Rimet asumió la presidencia. Los británicos se habían retirado y Brasil y Uruguay tampoco formaban parte de la FIFA. En los 33 años de presidencia de Jules Rimet, la FIFA experimentó un auge increíble a pesar de la 2ª Guerra Mundial. Se podría hablar de una era Jules Rimet, ya que logró reorganizar la FIFA y poner en práctica, finalmente, el sueño de un Campeonato Mundial. Al retirarse en 1954, tras inaugurar la quinta Copa Mundial en Suiza, la FIFA contaba ya con ¡85 asociaciones miembro!

Jules Rimet no era, en sus comienzos en la FIFA, una persona desconocida en el mundo del fútbol. En 1914 participó, como representante de la Federación Francesa, en el Congreso de Cristianía (actualmente Oslo). En ese entonces se aprobó una moción que rezaba: "Bajo la condición de que el Torneo Olímpico de Fútbol se organice en concordancia con el Reglamento de la FIFA, la competición será reconocida como Campeonato Mundial de aficionados". Para no perder la posibilidad de organizar un Campeonato Mundial propio, la FIFA estaba dispuesta a asumir la responsabilidad de organizar el Torneo Olímpico de Fútbol de los VII Juegos Olímpicos en París.

El éxito fue enorme y los resultados sorprendentes. Participaron 24 selecciones nacionales. Los ingleses, de nuevo, no participaron en este torneo, pero, en cambio, si estuvo presente EE UU y un equipo del lejano Uruguay, el cual demostró, para la fascinación del público, cómo se jugaba al fútbol en América del Sur. Los resultados de Uruguay fueron espectaculares: 7 a 0 contra Yugoslavia, 3 a 0 contra EE UU, 5 a 1 contra Francia, 2 a 1 contra Holanda. 60.000 espectadores asistieron a la final entre Uruguay y Suiza, en la que finalmente ganaron los uruguayos por un resultado de 3 goles a 0. Uruguay se consagró campeón olímpico y celebraron el oficioso título de campeón mundial en las calles de Montevideo. En el Torneo Olímpico de 1928 en Amsterdam, el predominio sudamericano fue incluso mayor. También en esta ocasión triunfó Uruguay. Su adversario en la final fue Argentina.

Este eco en los torneos olímpicos incrementó el deseo de la FIFA de organizar un Mundial propio. Las asociaciones miembro recibieron cuestionarios en los cuales se preguntaba si estaban de acuerdo con la realización de un Mundial y bajo qué condiciones. Una comisión especial se encargó de examinar esta opción. El la búsqueda de los medios adecuados para poner en marcha este sueño, el Presidente Jules Rimet fue el gran impulsor en todos los sectores, junto con el infatigable Secretario de la Federación Francesa, Henry Delaunay.

A propuesta del Comité Ejecutivo, el Congreso de la FIFA del 28 de mayo de 1928 decidió llevar a cabo un Campeonato Mundial organizado por la FIFA. Sólo debía escogerse la asociación organizadora. Hungría, Italia, Holanda, España, Suecia y Uruguay presentaron sus candidaturas. Desde el principio, Uruguay figuraba como favorito. Además, el bicampeón olímpico (1924 y 1928) conmemoraba en 1930 el centenario de su independencia.

Además, la Asociación Uruguaya de Fútbol se comprometía a correr con todos los gastos, como la travesía y el alojamiento de todos los participantes. Además repartirían los posibles beneficios, mientras que, en caso de déficit, Uruguay asumiría las pérdidas. El Congreso de la FIFA celebrado en 1929 en Barcelona designó a Uruguay como primer país organizador del Mundial. Los otros candidatos se habían retirado.

Esta decisión no fue aceptada con excesivo entusiasmo. Europa se encontraba en plena crisis económica. La participación en el Mundial significaba para los europeos no sólo una larga travesía marina, sino también que los clubes tendrían que prescindir de sus mejores jugadores durante dos meses. Una asociación tras otra comenzó a retirar su promesa de participar, poniendo en peligro la realización del Campeonato Mundial. Sin embargo, el Presidente Jules Rimet no se dejó impresionar. Gracias a un esfuerzo personal, cuatro selecciones europeas emprendieron la travesía: Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania. El 18 de julio de 1930 se inauguró en el estadio Centenario de Montevideo el Primer Campeonato Mundial. Comenzaba una nueva época del fútbol internacional.

El Campeonato Mundial en Montevideo - todos los partidos se disputaron el mismo estadio - tuvo un éxito notable, tanto desde el punto de vista deportivo como financiero. Naturalmente, los organizadores se decepcionaron porque contaron únicamente con la participación de cuatro selecciones europeas. El rencor en Montevideo fue tan grande que - por primera y última vez - el campeón mundial no se presentó, cuatro años más tarde, a defender su título.

El Congreso de 1939 en Budapest agradeció a Uruguay la organización del primer Campeonato Mundial en difíciles condiciones y lamentó la escasa participación de los equipos europeos.En 1932 se sufrió otro revés. Antes de los Juegos Olímpicos en Los Àngeles, surgieron diferencias de opinión en el Comité Olímpico Internacional en cuanto al estatuto de aficionado de los futbolistas. Por tanto, la FIFA decidió no organizar un Torneo Olímpico de Fútbol.

Suecia e Italia presentaron su candidatura al segundo Campeonato Mundial. El Comité Ejecutivo optó por Italia. Antes de determinar cuáles serían los 16 equipos participantes se tuvo que disputar, por primera vez, partidos eliminatorios. Se empleó un sistema de copa, por lo que los equipos de Brasil y Argentina tuvieron que regresar a casa después de su primera derrota. Una vez más triunfó el equipo local: Italia venció en la final a Checoslovaquia en la prórroga. Por primera vez, una final se transmitió por la radio.

Cuatro años más tarde, Jules Rimet, el "Padre del Campeonato Mundial", vio cumplido su gran sueño: el Campeonato Mundial se disputó en Francia, su país natal. Sin embargo, este Mundial se vio también enturbiado por algunos sucesos: Austria no se presentó, de modo que Suecia no tuvo contrincante en los octavos de final; Uruguay no quería participar y Argentina se retiró. Por ello se presentaron los equipos nacionales de Cuba y de las Indias Orientales Holandesas. Esta vez no hubo victoria local e Italia logró revalidar su título. El Campeonato Mundial debía haberse disputado por cuarta vez en 1942. No obstante, en el Congreso de 1938 celebrado en París se renunció a designar un país organizador, por lo que el Campeonato de 1942 nunca se celebró. El siguiente Congreso no se celebró hasta el 1° de julio de 1946 en Luxemburgo. En el Congreso de Luxemburgo estuvieron representadas 34 asociaciones. Los delegados entregaron al Presidente Jules Rimet, tras sus 25 años al frente de la FIFA, un hermoso regalo. A partir de entonces, el trofeo del Campeonato Mundial se denominaría Copa Jules Rimet. Para el Campeonato de 1949 (que se pospuso un año por falta de tiempo) sólo se presentó un candidato y Brasil fue elegido por unanimidad. Al mismo tiempo, se concedió a Suiza una opción para el año 1954.

1946 fue el año del regreso de las 4 asociaciones británicas a la FIFA. De nuevo, este éxito fue posible gracias a las dotes diplomáticas de Jules Rimet, quien encontró dos interlocutores de amplias miras en las personas de Arthur Drewry y Sir Stanley Rous. Ambos se convirtieron en dirigentes de la FIFA posteriormente. Además, este hecho se festejó con un encuentro entre la selección de Gran Bretaña y una selección del resto de Europa, disputado el 10 de mayo de 1947. Denominado "el partido del siglo" por la prensa, al encuentro asistieron 135.000 espectadores y los ingresos fueron de 35.000 libras esterlinas. Como muestra de buena voluntad, esta suma se puso a disposición de la FIFA para ayudar a salvar el escollo financiero causado por los largos años de guerra. Los británicos vencieron por 6 goles a 1.

El 4° Campeonato Mundial se celebró en 1950 en Brasil después de 12 años de interrupción. Por primera vez, una selección inglesa participó en un Mundial. Sólo participaron 13 naciones. La asociación Alemana no estaba aún afiliada, mientras que austríacos y húngaros se retiraron, al igual que los turcos y los escoceses, que ya estaban clasificados. El torneo se disputó mediante un sistema de campeonato. Los ingleses quedaron eliminados en los partidos de grupo, tras dos derrotas frente a EE UU y España. Brasil perdió su primer título mundial en la final contra Uruguay. Por segunda vez, el trofeo Jules Rimet permanecía en Montevideo por cuatro años.

Cuatro años más tarde, durante el 5° Campeonato Mundial celebrado en Suiza e inaugurado por Jules Rimet en Lausana, el Presidente de la FIFA, de 80 años de edad, se retiró de su cargo durante el Congreso de Berna. Después de su discurso de despedida, los delegados le ovacionaron en pie durante más de un minuto. Ese 21 de junio de 1954, el Sr. Jules Rimet se convirtió en el primer Presidente Honorario de la FIFA. El "Padre del Campeonato Mundial" entregó al capitán alemán del equipo vencedor Fritz Walter, por última vez, la Copa Jules Rimet.

El cuarto Presidente de la FIFA fue el belga Rodolphe William Seeldrayers. En sus nuevas funciones, celebró el 50 aniversario de la FIFA, la cual contaba entonces con 85 asociaciones miembro. Tras haber asistido, como Vicepresidente, a Jules Rimet durante 25 años, falleció en octubre de 1955. Su sucesor fue el inglés Arthur Drewry, elegido el 9 de junio de 1956. Drewry había ocupado la función de presidente interino durante medio año. Fue también Presidente de la Comisión de Estudio de los nuevos Estatutos de la FIFA y, en 1958, inauguró en Estocolmo el 6° Campeonato Mundial. Este fue un gran torneo que Brasil ganó de forma soberana. Arthur Drewry falleció el 25 de marzo de 1961 a la edad de 70 años. El operativo de la FIFA estuvo controlado por el suizo Ernst B. Thommen hasta el Congreso Extraordinario celebrado el 28 de septiembre de 1961. Thommen, quien había sido Presidente de la Comisión Organizadora del Campeonato Mundial en 1954, 1958 y 1962, aportó mucho a la Federación Internacional de Fútbol.

Sir Stanley Rous fue elegido 6° Presidente de la FIFA. En su juventud fue un excelente árbitro que conocía muy bien el fútbol internacional. Durante su presidencia, Inglaterra se proclamó campeona mundial en 1996, lo que fue motivo de gran alegría para él. Era muy popular en todo el mundo. Muchas naciones conseguían aquel entonces su independencia y corrían a afiliarse a la FIFA. El número de asociaciones miembro crecía rápidamente. Además, la transmisión por televisión de la Copa Mundial contribuyó enormemente a la expansión mundial del fútbol. En esos años, la FIFA era muy conservadora y reservada en sus decisiones. Sus medios y posibilidades eran limitadas, entre otras cosas porque, al ser una institución privada, no recibía subsidios gubernamentales ni recursos de otras fuentes. Sus fondos provenían únicamente de los beneficios de las Copas Mundiales y, con esos ingresos, debían organizar el presupuesto de cuatro años. Realmente no se podía conseguir más con los medios a disposición. Con muchos sacrificios, se consiguió consolidar y conservar la obra. Sir Stanley Rous logró todo esto. En reconocimiento a sus méritos, el 11 de junio de 1974 fue nombrado en Francfort Presidente de Honor de la FIFA.

Ese día, el brasileño Dr. João Havelange se hacía con las riendas de la Federación Internacional de Fútbol.

Desde el momento en que la Confederación Sudamericana de Fútbol presentó su candidatura a la presidencia de la FIFA, en 1970, el Dr. Havelange comenzó a buscar soluciones a los grandes problemas del fútbol mundial. Cuando fue elegido en el 39° Congreso de 1974, estaba decidido a considerar el fútbol no sólo una competición, sino también a buscar nuevas vías para conseguir un desarrollo técnico del fútbol mundial y preparar a las nuevas generaciones para ello.

Su entrada en la sede de la FIFA en Zúrich supuso el nacimiento de una nueva era. En épocas anteriores, dependiendo únicamente de los ingresos de la Copa Mundial, la FIFA había tenido que ser muy conservadora. La administración se había concentrado en conservar y mantener el estatuto alcanzado. En muy poco tiempo, el Dr. Havelange transformó una institución puramente administrativa en una empresa dinámica con muchas ideas y el deseo de ponerlas en práctica. La dirección actual de la sede de la FIFA en Zúrich no ha cambiado desde entonces, pero la romántica Villa Dewald en el Zurichberg, donde, en 1974, 12 personas coordinaban el destino del fútbol mundial, ha sido sustituida por un moderno edificio de oficinas que acoge a más de 50 empleados con cada vez más trabajo.

De vuelta en 1974, la FIFA se encontraba preparando su décima Copa Mundial, un tira y afloja, una prueba de fuerza entre 9 equipos europeos y 4 latinoamericanos. Los vaivenes políticos, especialmente en Àfrica, donde muchos países conseguían esos días su independencia, comenzaban a mostrar sus efectos en la escena deportiva mundial. En aquella época, Àfrica, Asia y América del Norte y Central y el Caribe (CONCACAF) enviaban cada uno únicamente a una selección a la gran fiesta futbolística mundial. En 1982, en España, la Copa se amplió para acoger a 24 naciones. A partir de entonces, el increíble éxito de selecciones que aunque participaban nunca conseguían clasificarse, confirmó al Dr. Havelange que su política a este respecto había sido la acertada. En la Copa Mundial Francia 98 se incrementó el número de equipos participantes a 32 finalistas. De esta forma, se convirtió en la Copa Mundial más concurrida de su historia, permitiendo la participación de un mayor número de equipos por confederación.

En lo que respecta a la política, la FIFA comenzó con su vocación de servicio y noción de universalidad. La integridad personal de Havelange consiguió el respeto de las asociaciones nacionales. Su palabra tenía peso en el mundo entero. Bajo su liderazgo las oficinas de la FIFA fueron y son un ejemplo de diplomacia deportiva.

Un ejemplo de lo antedicho fue la reunión celebrada en 1993 en Zúrich, que congregó a representantes de Irak e Irán, de las dos Coreas, Norte y Sur, de Japón y Arabia Saudí, para debatir sobre los detalles administrativos y organizativos de los finalistas asiáticos en la Copa Mundial de 1994, todo ello en un cordial ambiente de paz y armonía. Con anterioridad, Havelange ya había mostrado su disposición a emplear la capacidad diplomática del fútbol: con una intensa actividad diplomática, tras visitar al menos una vez a cada asociación nacional afiliada, consiguió el reingreso de la República Popular Democrática de China; posteriormente, en 1991, las dos Coreas enviaron una selección conjunta al Campeonato Mundial Juvenil disputado en Portugal. Debido a su particular situación, Israel compite actualmente contra equipos europeos por su clasificación en los torneos de la FIFA.

Durante los últimos 25 años, la FIFA ha conseguido extender su campo de influencia a todo el mundo, no sólo en el ámbito deportivo, sino también en otros sectores de nuestra sociedad, como el comercial y el político. El fútbol, en más de una faceta, se ha extendido en regiones completas y entre la gente. Con más de 200 millones de jugadores en activo, el fútbol se ha convertido en una de las más flamantes industrias del ocio, abriendo nuevos mercados en el mundo no sólo para la FIFA, sino para el resto de las naciones.

Aún se debe explotar el potencial latente, particularmente en Asia y Norteamérica. Desde mediados de 2000, el crecimiento de la FIFA ha sido insólito, alcanzando la cifra de 204 asociaciones afiliadas y convirtiéndose así en una de las mayores federaciones deportivas internacionales y, evidentemente, en una de las más populares, con más de 200 millones de miembros activos.

El 8 de junio de 1998, Joseph S. Blatter (Suiza) sucedió a João Havelange (Brasil) y fue electo octavo Presidente de la FIFA. Esta victoria obtenida en el 51° Congreso ordinario de la FIFA, celebrado en París, Francia, llevó a Joseph S. Blatter, quien ya había prestado sus servicios a la Federación Internacional en varios cargos durante más de veintitrés años, a la máxima posición del fútbol internacional.

En el mundo de la diplomacia deportiva internacional, Joseph S. Blatter es una personalidad versátil y de vasta experiencia, dedicado en cuerpo y alma a servir al fútbol, a la FIFA y a la juventud mundial